Diario de un viaje divertido (4ª y última parte)


Lunes, que no fué luneró porque nos fuimos de compras al barrio Once, típico barrio porteño especial para comprar ropa y otros artículos a buen precio. Hicimos las averiguaciones pertinentes para viajar en subte ( Zara quería conocer el mágico tren subterráneo, que la mayoría de las veces no tiene tanto encanto, ya que es un lugar oscuro, maloliente y peligroso, es decir un paraíso para los amigos de lo ajeno). Bajamos a la estación correspondiente pero......debido a mi brújula desorientada (¿recuerdan?), estuvimos a punto de tomar el tren equivocado, hacia el lado opuesto. Un funcionario del lugar se percató de nuestras caras de turistas, lindas pero con poca experiencia y nos salvó de perder una preciosa hora en remediar el equívoco. Los subtes (como en otras grandes ciudades del mundo) van repletos de gente heterógenea: personas humildes, que van o vienen del trabajo, dormidas o cansadas según el momento; hombres de traje y corbata con grandes maletines, seguramente ejecutivos que prefieren dejar su coche a resguardo y evitar los ya famosos cortes de rutas y calles, jóvenes mochileros y los infaltables vendedores de quienes hay que estar alerta, porque además de vender suelen expropiar..........Llegamos a Once, durante cinco horas caminamos por la Av. Rivadavia donde están las tiendas y galerías de venta de ropa al por mayor y menor. Entrábamos, mirábamos, a veces nos probábamos y decidíamos comprar. Adquirimos bastante, de todo un poco, al final de la tarde nos dimos cuenta que estábamos cargadas de bolsas, sin comer, agotadas pero felices, nuestros rostros cansados no dejaban de sonreir, no faltaron las carcajadas por algunas anécdotas de cosas que no nos suelen suceder en donde vivimos, pero sí cuando estamos como turistas (el infaltable cuento del tío). Decidimos volver al hostal en taxi, ir en subte hubiese sido exponernos a un peligro innecesario. De más está decir que Zara y yo estuvimos parloteando y revisando nuestras compras, hasta muy entrada la noche, luego de una reparadora y rica cena ..................................................................................................................................Martes: día de visita al zoológico y contactar con la naturaleza y seres auténticos como los animales. El zoo de Baires es muy grande, requiere de casi todo un día para recorrerlo y disfrutarlo. Llevamos nuestra vianda para sentirnos como en un picnic. Ya estábamos entrenadas y pudimos hacer el viaje en subte tanto de ida como de vuelta. El clima seguía impecable. Yo amo a los animales y no les tengo miedo, podría decir que soy una mujer atípica (lo corrobora el hecho de que no me gustan las joyas, ni las pieles, ni hablar por teléfono). Zara puso cara de espanto al ver que me acerqué a la vitrina oscura donde habitaban grandes murciélagos, revoloteando de un lado para otro y casi rozando mi nariz, si no fuera por el vidrio que nos separaba. Dí de comer a cabras, ciervos, llamas y vicuñas. También alimenté a las palomas y algunos patos grandes y atrevidos, que salen de los lagos y se acercan a las personas que están almorzando; se acercan tanto, graznando en altavoz que pareciera que van a saltar al regazo, todo esto acompañado con los sonoros gritos de Zara advirtiéndome que me iban a picotear, no estaba lejos de la razón, casi lo lograron........ Fué un lindo día, diferente, el contacto con la vida animal y vegetal nos produjo una sensación de paz y a la vez recargamos nuestras pilas, ya algo agotadas..............................Miércoles: día de nuestro regreso al querido Paraguay. Amaneció gris y lluvioso, parecía que Baires lloraba nuestra partida!!!!!. A pesar del mal tiempo dimos un último paseo por la calle Florida, tratando de atrapar y enjaular todas aquellas vivencias que nos hicieron tan felices. Llegó el momento de ir a la terminal de colectivos, nos invadieron sentimientos ambivalentes: ansia y alegría por llegar a nuestras casas, camas y gente, y tristeza por dejar el lugar donde vivimos cinco maravillosos días!!!!.........FIN

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